Cierra los ojos, mi amor.
Giré sobre mi misma
y dejé de mirarme en tu estanque verde.


Mi espalda inundó tu semblante,
y mientras mis dedos dibujaban trazos ilegibles
sobre las viejas huellas de tu almohada,
te entregué mi tormenta enamorada.

Cuando regresé a tu rostro,
vi tus párpados abiertos,
en tu pupila, mi espalda atravesada,
rayos y truenos,
aullando miedos.

Entonces pude ver,
que nunca podría volver
a perderme en tus aguas verdes.

- © Mercedes Ridocci