Atardeceres Salvajes


La luna resplandece indiferente
ante el sol que se ahoga en las tinieblas.
El sol aúlla como loba herida,
sus fauces desgarradas
escupen dolientes estrías de fuego,
la luna, impasible,
sella sobre ella
la sanguinaria pisada de la muerte.


La luna tiene nombre de varón,
el sol… nombre de hembra.

© Mercedes Ridocci