Reseña del poemario "Arrugas de silencio" - Antonio Tello





MIS [RE]LECTURAS: ARRUGAS DE SILENCIO, Mercedes Ridocci


La poeta española Mercedes Ridocci antes que en la escritura halló la expresión poética en su propio cuerpo y fue desarrollándola primero en el teatro y más tarde en técnicas de expresión corporal y danza creativa. Este dato no es baladí en la medida que nos permite comprender ese latido orgánico de su poesía y de modo muy particular en este poemario, Arrugas de silencio (Playa de Akaba, Barcelona, 2017), bellamente editado por la editorial barcelonesa que dirige la también poeta Noemí Trujillo.

Estructurado en tres partes – Estelas de deseo, Cenizas de pasión y En el lomo de la muerte- Ridocci propone una secuencia de poemas que metaforizan el devenir vital del cuerpo a través del tiempo, la existencia orgánica de la vida humana sacudida por el deseo, el erotismo, la pasión, y también por la pulsión de la muerte que contradice la eternidad -vana pretensión de la juventud- hasta que la madurez hace patente la finitud. De aquí que Mercedes Ridocci trace desde el epígrafe (“A la vida y a la muerte”) esa línea vital, esas silenciosas arrugas que definirán al final el paso perecedero del individuo por el mundo. Un paso que siempre es desgarro (“Me aferré sin miedo / a las ramas desnudas de tu tronco / a la corteza fría de tu invierno”.). Esas estelas de deseo que define como “viñedos de uva roja” o como “un antojo del sueño”, en el que ambos, viñedo y sueño”, se consumen en el cuerpo, “puerto solitario, / oculto en la sombra de la noche”, en el desesperado, acaso imposible, intento de entender esa lengua que habita en el paladar.

Y así hasta que el fuego de la pasión se consume y sus cenizas se convierten en “piel de la ausencia [que] cubre mi cuerpo / de arrugas de silencio” desnudando el cuerpo y la voz que lloran el destierro de los sentidos y su condición de alma o conciencia vacía, ajena ya al temblor de la naturaleza, ese “volcán apagado” que antes concernía al cuerpo. Así, hasta que llega ese momento en que la poeta pide a la “mujer de fuego albo / vístete con la piel del viento / que enardece tu llama blanca / sigue el canto de tu cauce / planea sobre el leve suspiro del atardecer / alcanza el último horizonte / donde la muerte poniente / y alborea la muerte”.


Aviva mis labios de hielo



Aviva mis labios de hielo
con los dientes rebeldes del deseo.
Alborea mis mejillas
con dedos de codicia
avaros de carne blanca.
Allana mi boca sola
con lengua de animal ladino.
Turba mis ojos de noche
con la mirada del tigre.
Desata mi angosta vestidura
con el alma impúdica del sueño.


(del poemario "Arrugas de silencio")


Aroma de luna oculta


(A mi madre)

Acurrucada en el vientre del alba
- aroma de luna oculta -
tu mirada aparece en mis ojos
tu sonrisa en mis labios
tu tacto en mis manos
el perfume de tu cuerpo
desprende mi piel.

Viva presencia de ti
en mí.

© Mercedes Ridocci