En un puerto solitario,
oculto en la entraña de tu noche
te embarcas en mi cuerpo líquido.
Te humedeces en el vaho ardiente de mi piel
te bañas entre las algas pardas de mi pelo
navegas en el piélago térreo de mis ojos
buceas en el cielo acuoso de mi boca
te anegas en la sal de mis caudalosas aguas.



© Mercedes Ridocci