PRÓLOGO DEL POEMARIO LAVA DEL ALMA


Prólogo del poemario "Lava del alma", por Ramón Alcaraz García

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Prólogo 

Un libro de poemas ha de ser un misterio. La poeta, el poeta –o el yo poético, como solemos nombrar a quien lo escribe– encierra  en él todo lo que está por descubrir. En ese “encierra” cabe decir también esconde, guarda, atesora…, porque cada poema es siempre como un tesoro en una isla.
 Imaginemos, por tanto, a alguien que lee en esa isla, donde destaca la presencia de un volcán, que a su vez guarda en su interior el cálido calor de su alma: la lava. Disponemos, por tanto, de un interesante juego de interiores o de interioridades, porque el alma es también lo profundo de lo material, de nuestro yo físico y carnal, de nuestros cuerpos. Y de este juego de contrastes aparece el título del poemario que tienes ahora en tus manos: Lava del alma. Un título tan llamativo como armonioso, que técnicamente juega con la aliteración: repetición intencionada de sonidos para crear un determinado efecto.
Pero no queda ahí lo destacado de su título, porque también nos muestra un contraste entre lo tangible y lo intangible, lo físico y lo etéreo, lo intenso y lo sutil. Lava y alma con dos extremos que se unen para crearse en una antítesis que nos invita a entrar en dos mundos opuestos, tan intensos como etéreos, tan sutiles como evidentes. Dos mundos que en realidad solo son uno: el yo; y que a la vez son muchos mundos a la vez: los que nos sumergen en amores, soledades, pasiones, ausencias…
Lava del alma es un poemario con una gran riqueza interior. La riqueza que le da la intensidad, la pasión irrefrenable de la lava, la de la expresión más efusiva; pero también la que le aporta la leve presencia del alma de lo sencillo, de lo cercano, de lo usual. Y ese caudal también se da en el plano formal y en el de su contenido, es una poesía a la vez pasional y técnica, cuidada, aunque esa unión sea tan difícil de controlar cuando escribimos.
En ese juego –o juego de juegos–, del poemario, encontramos la presencia del yo, del tú y del nosotros; de la ciudad y el olvidado olor a hierba del pasado; del futuro, de la tierra que llora y de las piedras grises; del sueño y el despertar. Poemas tan breves como intensos, en dosis pequeñas, como el veneno rojo. Poemas de sueños y de espejos desiertos.
El amor y la lava pasional discurren entre sus versos como un torrente que nos arrastra y nos lleva; el alma habita en la orilla y también en el abismo. El amor es una isla y un volcán al mismo tiempo.

Ramón Alcaraz García