22/4/16

SIN TÍTULO

Imagen descargada de internet


La luna fría y blanca, 
resplandece indiferente ante el sol que se ahoga en las tinieblas.

La luna fría y blanca tiene nombre de varón,
el sol sofocado tiene nombre de hembra.

Ante la presencia altiva e impasible de la luna que tiene nombre de varón,
el sol que tiene nombre de hembra
aúlla como loba herida,
sus fauces desgarradas escupen doliente lava,
y la luna que tiene nombre de varón
sella sobre ella

la implacable pisada de la muerte   

Mercedes Ridocci

21/4/16

ENTRE TU PIEL

Fotografía del álbum: "Ensayos sobre el audiovisual:
FUEGO VELADO Mercedes Ridocci & Anonimo de la Piedra


Dancé desnuda entre tu piel,
la humedad de tu sudor 
prendió en mis pasos sin medida.

De mi cuerpo brotaron giros encendidos,
el fuego bulló en tus poros,
ardió en tus venas,
habitó tu entraña.

Mercedes Ridocci

12/4/16

HAYKU


Imagen del audiovisual Com-pasión (en memoria de Goya)


Traducido al catalán por Pere Bessó, poeta, traductor y filólogo.


El alba ahoga
ardientes vientres de hembra,
flamas sin alas.

Mercedes Ridocci



Querida Mercedes:
Como no quiero atosigarte, utilizo el post para enviarte tu haiku en catalá, usándo para el clásico 5/7/5/ el cómputo silábico de la métrica catalana que no coincide.
De nuevo el sortilegio del alba, el entremundos, y la queja amorosa desde la perspectiva de género. Sin duda hay marcas que un poeta no usaría, no porque no las conozca, sino por otras razones de carácter grave, pero que no entraré acá porque no es mi intención que haya varón que me acuse de utilizar tu blog. Sin embargo, me apetece señalarte tan sólo una marca: la pasión como askesis o ascensión, tal como tú la planteas, y que merecería un estudio más que digno en su extensión:


El trenc d'alba estreny
ventres ardents de femella
i flames sense ales.



10/4/16

LA SOMBRA DE LA LUNA




Vestida con la sombra de la luna,

perfumada con la luz de mi ansia,


detenida en la estación prohibida de tu cuello,

te envolví con la piel de mi deseo.



Mercedes Ridocci




LA MUJER SIN ROSTRO



Una tarde de domingo se decidió.
Buscó en Google varias páginas de contactos hasta que encontró una que le ofreció cierta confianza.
Se registró con el nombre de “La mujer sin rostro” y escribió:
Deseo tener un encuentro erótico, translúcido, diáfano,… con “El hombre sin rostro”. Una máscara cubrirá nuestro semblante. Quedaremos en un lugar impersonal, no habrá preguntas, no sabremos nada uno del otro.
Al día siguiente recibió un mensaje:
Valiente “mujer sin rostro”, lo que pides me despierta sensaciones inquietantes, evocadoras de sueños llenos de misterio y viejas pasiones.
Te daré lo que pides, y mi oscurecido sol se teñirá del color del sol poniente.
Le gustaron sus palabras, le pareció un hombre especial.
¿Dónde y cuando nos vemos?, le contestó

Se citaron en un hotel a las afueras de la ciudad. Ella llevó puesta la máscara del Sol poniente, él la del Oscuro sol. Cuando entró en la habitación, ya estaba esperándola.
Sol poniente se tumbó en la cama y Oscuro sol, sentándose en el borde, le rozó suavemente la mano con la yema de sus dedos calientes. Como brisa de verano, el calor fue inundando su tibio cuerpo. Sol poniente se dejó hacer: sus dedos, sus labios y su lengua rodaron por su corpórea alma como nubes blancas, extendiéndose en la inmensidad de su piel.
Al igual que llamas candentes y enredadas, sus cuerpos se disolvieron. Del sonido del silencio fluyeron viejas y olvidadas melodías acompasadas, olían a tiempo recobrado. El unísono latir de sus corazones resquebrajó el frío de sus sombras. Oscuro sol se tiño del color del Sol poniente, Sol poniente de la luz al mediodía.
Se despidieron con un sencillo pero hondo "gracias".

Al salir del hotel, se fueron en direcciones contrarias.
“La mujer sin rostro” caminó hacia el parque situado a unos metros del hotel. Se sentó en un banco y cinceló su alma con la pasión renovada.

Con la claridad de la luna nueva derramándose sobre ella, regresó a su casa. Su marido leía sentado en el sofá, mientras una música de Pourcel envolvía el silencio del salón.
Le dio un acostumbrado beso. Él la miró vertido en oculta pasión.
Cenaron entre calladas y aquietadas resonancias.
Después se acostaron, ella tintada con la luz del mediodía; él, con el color del sol poniente.
Mercedes Ridocci


9/4/16

EL RITUAL DE VENUS






IMAGEN: Cuadro del Artista Plástico TOTOM. 

Os invito a visitar su Web


Salió del río bañado en sal azul y se contempló en sus aguas.

Sin dejar de mirarse, deslizó su mano regada en almizcle por la piel húmeda y brillante. El cuerpo reflejado le devolvió la esbeltez de su figura y la elegancia de sus gestos.

Preparándose para el ritual, se cubrió con la túnica blanca tintada con finos haces de color ámbar. La transparencia suave y ligera de la gasa resaltaba el color pardo de la aureola de sus pechos y el leonado de su pubis.

Entró en la gruta vacía y armó con celo el escenario.

Trazando suaves serpenteos colocó el lienzo púrpura sobre el suelo desnudo. Lo cercó con cirios dorados e incienso perfumado de jengibre y canela. Como virgen dispuesta para la ceremonia se tendió sobre las ondas marinas del mar rojo. La sombra de las llamas bailaron sensuales sobre su cuerpo. Sintió el voluptuoso sonido de la lasciva paloma aleteando a su alrededor.

Sus manos volaron hacia los senos cubiertos y los pezones gritaron exultantes. El látigo del placer le recorrió la columna hasta apartarle las piernas. La túnica, dúctil, rodó hacia la cintura. Frente a ella, contemplándola altivo, sintió a la magnánima y esperada presencia. Entonces, sus dedos friccionaron con ímpetu su oquedad velada. Las paredes rojas y jugosas se rasgaron ofrendadas, provocando en la sublime presencia el fausto deseo liberado.

Un grito húmedo y convulso inflamó el aire.

El eco estalló en espuma blanca, inundando las entrañas abiertas y entregadas de la mujer.


Mercedes Ridocci


8/4/16

TINIEBLAS SOLITARIAS





En viento nacido de tinieblas solitarias
gestó la hojarasca del águila negra,
arrebataron  el himen de tu transparencia,
sangraron púrpura tus días.

Mercedes Ridocci