TIERNOS RECUERDOS DE INFANCIA


Me acuerdo de que mi abuela, a escondidas de mi madre, nos daba para merendar una rebanada de pan untada en vino y azúcar. Un día vimos como mi madre, a escondidas de mi abuela, se comía con deleite un panecillo teñido de rojo brillante.

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Me acuerdo de que mi madre metía la cabeza en el pequeño horno de la cocina económica para secarse el pelo. Increíblemente, jamás se le chamuscó.


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Me acuerdo de que a mi amiga Caminín todos la llamaban despectivamente “negrita” porque tenía el cabello negro y rizado. Años más tarde, todos la llamaban servicialmente DOÑA CAMINO. Se casó con el rico del pueblo: alto, rubio y con los ojos azules.

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Me acuerdo de que a mi vecina siempre le salían las sopas de ajo: RICAS, RICAS, RICAS. Siempre me negué a probarlas.

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Me acuerdo de que mi madre todos los años por Navidad me advertía de que los Reyes Magos no traían juguetes caros a los niños pobres. Nunca pude tener un coche de capota.

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Me acuerdo de que cuando le dije a una compañera de clase que los Reyes Magos eran lo padres, no me volvió a hablar. No sé si seguirá enfadada conmigo.

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Me acuerdo de que esperando en el ambulatorio a que me quitaran las amígdalas, todos los niños salían de la consulta con la sábana llena de sangre. Yo aún las tengo.

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Madre,
te recuerdo sentada en el banco del parque
con la falda plisada
aquella blusa que te gustaba tanto
y los zapatos de piel vieja.
La espalda mirando al sol
las manos entrelazadas
descansan sobre tu regazo,
la mirada perdida en paisajes de silencio.


¡Tan sola!

© Mercedes Ridocci





Mamă,

mi te amintesc cum ședeai pe o bancă în parc

cu rochia în pliuri,

acea bluză care mult îți plăcea

și pantofii din piele învechită.

Cu spatele întoarsă la soare

și mâinile încrucișate

ce ți se odihneau pe genunchi,

privirea pierdută în peisajul tăcut.



Atât de singură!



*trad. din spaniolă de A. Langa



De la sección: Poemas a mis padres
  

Imagen: "La soledad del ocaso" del artista plástico Gustavo Boggia
Mar enfurecido y bravío
que golpeas la noche y alientas tinieblas
que ensombreces mi ser y agitas mi miedo.

Qué vuelva pronto la mañana
para que acaricies el día
y sostengas claros,
para que alumbres mi alma
y aquietes mi espanto.


©Mercedes Ridocci