no hay lágrimas suficientes
que amortigüen su dolor.
Mercedes Ridocci
Imagen de la performance QUEBRANTO - Mercedes Ridocci 2014
Desliza húmedo el día
De pequeña tenía una debilidad, aunque mirándolo bien, aún la tengo, sobre todo cuando alguien me mira con ojitos de “cordero degollado”. Todos los domingos mis padres nos llevaban, a mi hermano y a mí, a dar un paseo por la calle principal de la pequeña ciudad de León y nos compraban un pastel. Por delante de ellos correteábamos ansiosos al divisar la Casa de Camilo de Blas. Al entrar en la pastelería, mi hermano y yo nos mirábamos, cómplices del juego que estaba a punto de comenzar: “¿Quién de los dos acabaría más tarde el pastel?” Yo lo comía a trocitos pequeños y moderados, dilatando en el tiempo el final de mi pastel. Mi hermano, a bocados grandes y ávidos. Así que ya os podéis imaginar quién ganaba el juego. Pero no por ello era beneficiaria, no os vayáis a creer, ¡qué va, qué va! sino víctima, pues invariablemente, ante la mirada suplicante de mi hermano y mientras apenas podía disimular una pícara sonrisa, acababa compartiendo con él, el resto de mi pastel.
Al amanecer, ya se puede ver al anciano cartero subiendo y bajando por las empinadas calles del pueblo. Lleva en su saca palabras cargadas de sentimientos. Palabras que hablan de amor y desamor; de ilusiones y desilusiones; de éxitos y fracasos; de nostalgias y recuerdos. Palabras que vienen de lejos, palabras que él acerca con temblorosa mano al que ansiosa espera. Al anochecer vuelve a su casa; los pies hinchados y la espalda dolorida; el carromato vacío y el corazón dichoso.
Ante la pérdida de un ser querido no hay lágrimas suficientes que amortigüen su dolor. Mercedes Ridocci Imagen de la performance QUEBRANTO ...