17/5/26
16/5/26
VENTANA EN EL UNIVERSO (dedicado a mi hijo)
Cuando ya no esté aquí
y la nada me lleve
donde brillan las estrellas
anhelaría que hubiera
una ventana en el universo
que diera a la tierra
y ver a mi hijo.
Saber
en qué lugar vive
si tiene trabajo
amigos
mujer
hijos
si recuerda mis abrazos
pero sobre todo…
SABER SI ES FELIZ.
Mercedes Ridocci
Fotomontaje –Mercedes Ridocci
13/5/26
ELLA BAILA COMO SI EL DOLOR TUVIERA MÚSICA
Mi agradecimiento al escritor Juan Povedano por este poema que me ha dedicado inspirándose en mis danzas.
ELLA BAILA COMO SI EL DOLOR TUVIERA MÚSICA
Nadie sabe que lleva un corazón roto
cosido con hilos de madrugada,
ni que aprendió a sonreír
mientras se derrumbaban
las habitaciones de su alma.
Tiene el alma libre.
Libre como esos pájaros
que vuelan heridos
y aun así atraviesan el océano.
Danza sobre una lágrima,
una sola,
enorme y transparente,
como si el mundo entero
cupiera dentro de una tristeza.
Sus pies no pisan el suelo:
acarician la memoria.
Sus brazos abren ventanas
donde antes solo había invierno.
PERO…
El espectador,
sin entender cómo,
comienza a ver nacer el sol
entre los movimientos de su cintura,
entre la luz temblorosa
de sus manos cansadas.
El amanecer aparece despacio,
como un perdón.
Pero nadie mira arriba.
Nadie ve
que mientras regala auroras,
la luna de la bailarina
se esconde lentamente
detrás de sus ojos.
Porque hay mujeres
que iluminan el mundo
justo en el instante
en que se apagan por dentro.
Juan Povedano Gómez
11/5/26
ESCUPE TU BOCA
Un grito de dolor
escupe tu boca
solo el infierno
con alborozo
recibe su eco.
Mercedes Ridocci
Imagen: Mercedes Ridocci
10/5/26
STACCATOS DE ABRAZOS
En la noche de un océano sin agua
en desiertos de piedra y estrellas de silencio
en caminos deshechos y polvo ahogado
entre besos heridos y staccatos de abrazos
quedó mi sombra atrapada.
Mercedes Ridocci
Fotografía – Mercedes Ridocci
9/5/26
VIVIR EN LOS INFIERNOS
Cuando el dolor no tiene cura
está condenado
a vivir
en los infiernos.
Mercedes Ridocci
Imagen - Mercedes Ridocci
5/5/26
LOS BRAZOS DEL HOMBRE BUENO
En sus venas ardía la amargura,
fluyen vapores trenzados con hilos agrios,
gimiendo en su pelo,
apretando su cuello.
Los brazos del hombre bueno
mecieron el cuerpo desmayado,
con las manos secó las lágrimas de su cabello,
con labios calientes deshizo la trenza que apretaba su cuello.
Entonces la mujer abrió los ojos,
miró al hombre bueno
y respiró entre sus brazos.
Poema e imagen - Mercedes Ridocci
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