Cierra los ojos, mi amor.
Giré sobre mi misma
y dejé de mirarme en tu estanque verde.


Mi espalda inundó tu semblante,
y mientras mis dedos dibujaban trazos ilegibles
sobre las viejas huellas de tu almohada,
te entregué mi tormenta enamorada.

Cuando regresé a tu rostro,
vi tus párpados abiertos,
en tu pupila, mi espalda atravesada,
rayos y truenos,
aullando miedos.

Entonces pude ver,
que nunca podría volver
a perderme en tus aguas verdes.

- © Mercedes Ridocci

Prólogo del poemario "Arrugas de silencio"



MERCEDES RIDOCCI 
Y LA POÉTICA DE LA DESGARRADURA

Arrugas de silencio tiene la sustancia agridulce de la temporalidad, de lo que se desarrolla y se desenvuelve con el tiempo mismo. Tratado de un modo fascinante, en que el erotismo es un factor de vida y de necesidad. Estructurado en tres secciones, este poemario nos brinda la oportunidad de reflexionar acerca del comportamiento humano en la edad madura, llevando consigo el pasado como una sensación sublime de hallazgo inoportuno. De un modo subjetivo,
nos envuelve con palabras cadenciosas, de versos polimétricos que emulan los movimientos del cuerpo, ofreciendo metáforas palpables de intensidad y fuerza que ponen de manifiesto la naturaleza incandescente de la sensualidad. La dedicatoria se ofrece “a la vida y a la muerte”, abriendo el concepto ideológico de la autora al enfatizar el momento crucial desde el cual inicia el recorrido otoñal con el que se relaciona esta obra poética, brindando a la vez, material visual con imágenes que aluden a cada sección en la que se divide este proceso creativo.

     “Estelas del deseo” es el título del primer apartado, donde la semántica se desprende de los artificios y recurre a la carne para conjugar un concepto básico de la sexualidad. Los catorce poemas que agrupa, de condensada brevedad, tienen la clara intención de demostrar la etapa fértil del organismo, donde la pasión es un fluido
constante y repetitivo que llega al clímax en el término medio del conjunto, dirigiéndose al declive de salida. Cerrando con la determinación de ser consciente de la adversidad:

“Me aferré sin miedo
a las ramas desnudas de tu tronco
a la corteza fría de tu invierno”.

Esta sección está compuesta con figuras de retórica, que por el conocimiento de la autora sobre el comportamiento humano y sus movimientos producen una inherencia entre el cuerpo y la palabra para formar una simbología de la intimidad. En el término medio de este ciclo de tres, se percibe un tiempo inconcluso que aún transcurre en el abatimiento. “Cenizas de pasión” (Apartado II) es un título coherente de dieciséis poemas esquematizados con las características del segmento anterior, que vienen a fortalecer la idea del declive que se presenta al final del primero, ya que concuerda perfectamente con el estado de ánimo que cruza de la angustia a la
negación; de la incertidumbre al desasosiego; del deseo a la ausencia; de la desazón al vacío. Utilizando ciertas técnicas, la poeta enfatiza su escritura con la clara intención de seducir al lector mediante recursos con los que su habilidad hace palpable la emoción:

“Tu rostro me duele, me duele callado
sangrando en la espina dorsal de mi memoria”

y

“Entre los párpados del alba
llueve lava fría.
Abatida se arrastra
sobre las mejillas de un volcán apagado”.

¿Puede una pasión continuar ardiendo en la distancia? ¿Es la ceniza una figura de metáfora utilizada para reflejar la ausencia o dícese de la extinción del fuego? ¿Es la ausencia misma que impone su rigor de tedio y de vacío en el ciclo de una sexualidad en decadencia? Se puede interpretar de diferentes formas y maneras la esencia de este
segmento que más que apoyo y equilibrio, brinda una atmósfera realística presintiendo
el desgaje del final.
     El apartado III, bajo el título “En el lomo de la muerte”, con el que se cierra el ciclo, sella la idea de la poeta, que bajo los efectos del tiempo procede de acuerdo con la conducta humana y su actitud frente a situaciones de origen sexual, intimatorio, sensual o pasional, lo que conduce a la sala de espera hacia la muerte:

“Desde el dolor escribo
versos que cabalgan en el lomo de la muerte
estrofas que desprenden vértigo
poemas desbocando en el abismo”.

Veintiséis pulsaciones que prolongan el último suspiro. Paseo exasperante “en el lomo de la muerte”. Itinerario de una epifanía. Al hablar de muerte nos predice el final como homenaje póstumo a la lascivia que, incoherente, atardece en la carne y permanece hasta el último hálito de esta producción.

     La desgarradura es un material de funcionalidad en la poética de Mercedes Ridocci, que con aseveraciones reafirma su vocación, presentando esta obra como la demostración del ciclo natural de una vida sexual activa. Sea esta la manera en que la escritura hace gala de su autoridad como figura de género capaz de sembrar una
emoción en medio de la adversidad.

Marina Centeno. Escritora y poeta

Progreso, Yucatán, México a 8 de febrero de 2017

Te busqué detrás de la retina
de cada hombre que en mis ojos flotó.
Te busque detrás de la lengua
de cada hombre que en mi boca nadó.
Te busqué detrás del olor
de cada hombre que en mi cuello se extravió.
Te busqué detrás del sabor
de cada hombre que en mis pechos bebió.
Te busqué detrás de la piel
de cada hombre que en mi cuerpo vagó.

Te busqué.


© Mercedes Ridocci