con surcos ariscos
y olor nauseabundo
se incrustan en mi mucosa
tormento que arranco
con cizalla punzante.
Mercedes Ridocci
Imagen – Mercedes Ridocci
Podría olvidarte ya lo sé, pero te llevarías contigo mi dolor y yo... quiero dolerme. Abrazar sus dentelledas en la noche sangrar f...
El poema que propones, breve pero intenso, concentra en apenas unos versos una atmósfera de violencia visceral y de dolor corporal que acaba transformándose en una experiencia casi metafísica. Es un texto de cuerpo y herida, donde el lenguaje anatómico (“entrañas”, “mucosa”, “cizalla”) sustituye cualquier referencia abstracta por una materialidad densa, repulsiva y orgánica.
ResponderEliminarEl primer verso, “Entrañas rugosas”, evoca la carne interior, lo que normalmente se oculta, con esa rugosidad que sugiere lo imperfecto, lo áspero de la vida interior. Luego, los “surcos ariscos” redoblan la dureza: las entrañas no son suaves ni dóciles, sino resistentes, incluso hostiles. El “olor nauseabundo” introduce un registro sensorial directo —el olfato— que intensifica la repulsión y convierte la escena en una suerte de descenso a lo abyecto (en el sentido kristeviano: aquello que nos atrae y repele al mismo tiempo).
Pero el poema no se detiene en la mera repugnancia física —la frase “se incrustan en mi mucosa” trasciende la descripción anatómica para sugerir una invasión emocional, algo extraño que penetra dentro del yo lírico, un dolor o recuerdo que no puede expulsar. El último movimiento, “tormento que arranco / con cizalla punzante”, introduce la acción y la violencia liberadora: el intento de arrancar el mal desde su raíz, aunque ello suponga más dolor. La “cizalla” (herramienta usada para cortar metal o ramas endurecidas) actúa aquí como metáfora de la purificación brutal, del desgarro necesario para sobrevivir.
En conjunto, el poema se sitúa en un territorio fronterizo entre el asco físico y la catarsis moral. Es una representación del sufrimiento encarnado, donde lo corporal y lo emocional se confunden hasta ser lo mismo: la herida que duele y la herida que salva.
Saludos.
Gracias por tu analítico y certero comentario, Joselu
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