Al mediodía, cuando inflama la luz guijarros púrpuras atascan mi garganta y no sé por qué.
Al atardecer, cuando se extingue la luz guijarros púrpuras arañan mi espalda y no sé por qué.
En la noche, cuando el silencio se hace hueco guijarros púrpuras sepultan mi cuerpo
y no sé por qué.
Mercedes Ridocci
Imagen – Mercedes Ridocci

Es un poema hermoso, Mercedes. Está construido con la precisión de una partitura que acompasa el tránsito del día y el movimiento de la luz, desde el amanecer hasta la noche cerrada. La repetición del sintagma “guijarros púrpuras” funciona como un motivo melódico que reaparece en cada estrofa, transformando su resonancia emocional según la hora: al inicio es leve, casi visionaria; al mediodía, se vuelve opresiva; al atardecer, punzante; y en la noche, definitiva y sepulcral.
ResponderEliminarHay en el poema una clara estructura paralelística y acumulativa, donde el adverbio temporal marca el ritmo (“En la mañana… Al mediodía… Al atardecer… En la noche…”) y el verso final —“y no sé por qué”— introduce una nota de desconcierto que humaniza la experiencia, un no saber existencial frente al propio dolor o la propia metamorfosis.
Los guijarros púrpuras, imagen enigmática y sensual, condensan la materia del sufrimiento y la belleza. Su color remite a una herida luminosa —el púrpura como mezcla de sangre y crepúsculo— y su forma pedregosa sugiere peso, erosión, destino. Es como si el cuerpo y la conciencia fuesen recorridos, a lo largo del día, por esas piedras interiores que la luz va despertando, inflamando, extinguiendo y, finalmente, sepultando.
Saludos.
Joselu, tus comentarios desprenden una sabiduría sobre la poética de la que yo carezco. Tu análisis del poema es muy profundo y certero. Muchas gracias por leerme y comentarme, es un honor para mí.
EliminarUn afectuoso saludo.