abrazar la estrella que anuncia su entrada,
estremecerla con sus pubis hasta trocarla en luna.
Ceñir su carne henchida en tus paredes de roca blanda,
tentar tu fondo de cielo negro,
despertar al grito que gime en la profundidad de sus entrañas.
Vaciarse en tu eterna belleza.
Ceñir su carne henchida en tus paredes de roca blanda,
tentar tu fondo de cielo negro,
despertar al grito que gime en la profundidad de sus entrañas.
Vaciarse en tu eterna belleza.
Morir en ti.
Mercedes Ridocci
Imagen: “El torso de Adèle” de Auguste Rodin
Mercedes Ridocci
Imagen: “El torso de Adèle” de Auguste Rodin

El poema vibra con la pasión de los mortales que ansían tocar lo imposible, rozar la luz de los dioses aunque ello signifique perderse. En su deseo, hay una mezcla de éxtasis y condena: amar lo divino es arder en el fuego de lo inalcanzable. Cada verso palpita con la urgencia de quien busca fundirse, no solo poseer, sino ser uno con la divinidad que ama. “Morir en ti” no es derrota, sino entrega absoluta, rendición al misterio. En ese instante de comunión, el ser humano deja de ser efímero y roza, siquiera un momento, la eternidad.
ResponderEliminarJoselu, como bien dices este poema refleja el deseo del ser humano de la inmortalidad fundiéndose con los dioses y conseguir la eternidad deseada, aunque sea por un instante.
EliminarGracias por el comentar.
Un afectuoso saludo.