Las ascuas de mi alma se apagan
y me advierten,
la humedad de mis ojos se ahoga
y me advierte,
los latidos de mi cuerpo se arrastran
y me advierten,
el vaho de mi aliento desprende cenizas
y me advierte.
Me hundiré en el ingrávido líquido de mi ser
pulsaré su fondo negro
me extinguiré,
la nada me acogerá en su seno
me amamantará con su nutriente leche,
y después,
creando huella sobre la arena rociada de mi alma
sobre el barro mojado de mi cuerpo
regresaré.
Mercedes Ridocci
Imagen – Mercedes Ridocci

Mercedes, este poema atraviesa la oscuridad interior para volver a la vida. La voz poética desciende a la nada —esa zona de extinción y silencio— con una conciencia lúcida del propio agotamiento: las ascuas, la humedad, los latidos, todo anuncia el fin. Sin embargo, en ese hundirse late una potencia regeneradora. La nada, lejos de ser puro vacío, nutre y da nueva forma. El regreso final no es un simple resurgir, sino una metamorfosis: del fuego al barro, del alma consumida a la que vuelve a sentir. Es un poema de desolación que culmina, paradójicamente, en esperanza ancestral.
ResponderEliminarSaludos
Joselu, como un Ave Fénix, resurge de sus cenizas mamando del seno de la nada.
EliminarGracias por pasarte por mi espacio y dejar tus reseñas.
Un afectuoso saludo.