Todas las noches, cual estrella fugaz,
el alma de ella emerge de su cuerpo engalanada de blanco satén.
Aventurándose en el espacio infinito viaja hacia la luna
y le espera brillando en la penumbra.
La luz del sol apaga las sombras y el alma de ala libre,
vuelve a su cuerpo alborada en pena.
Todas las noches, la mirada de él
se detiene en una pequeña y satinada estrella
que mora junto a la luna.
Su alma, apresada en el cuerpo,
clama por salir, alzar el vuelo y fundirse en ella.
La luz del sol ahoga las sombras y el alma cautiva, atada en alas,
se inunda en aurora salada.
Fragmento del relato "Señales del cielo" - Mercedes Ridocci
Collage - Mercedes Ridocci

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