De pequeña tenía una debilidad, aunque mirándolo bien, aún la tengo, sobre todo cuando alguien me mira con ojitos de “cordero degollado”. Todos los domingos mis padres nos llevaban, a mi hermano y a mí, a dar un paseo por la calle principal de la pequeña ciudad de León y nos compraban un pastel. Por delante de ellos correteábamos ansiosos al divisar la Casa de Camilo de Blas. Al entrar en la pastelería, mi hermano y yo nos mirábamos, cómplices del juego que estaba a punto de comenzar: “¿Quién de los dos acabaría más tarde el pastel?” Yo lo comía a trocitos pequeños y moderados, dilatando en el tiempo el final de mi pastel. Mi hermano, a bocados grandes y ávidos. Así que ya os podéis imaginar quién ganaba el juego. Pero no por ello era beneficiaria, no os vayáis a creer, ¡qué va, qué va! sino víctima, pues invariablemente, ante la mirada suplicante de mi hermano y mientras apenas podía disimular una pícara sonrisa, acababa compartiendo con él, el resto de mi pastel.
Mercedes Ridocci
Imagen – “Casa Camilo de Blas de León” donde mi abuelo trabajó de hojaldrero.

Hermoso recuerdo de infancia sobre la complicidad de dos hermanos y la anécdota del pastel que compartías con él, pese a que tú lo comías despacito para que te durara más. Eso revela tu carácter ya en tu niñez. Sabías esperar para diferir el premio y eras generosa con tu hermano, más apresurado que tú para comerse el pastel. Dicen que lo somos de mayores, ya está hecho en nuestros primeros años de vida. En mi caso, lo confirmo. Yo soy aquel niño de cinco años y seis años sobre el que he escrito tanto.
ResponderEliminarMuchas gracias por pensar que soy como cuando era niña. Me encantaría leer los escritos de cuando tenías cinco y seis años, si puedes me mandas los enlaces. Un cordial saludo, Joselu.
EliminarUn relato muy entrañable y hermoso. Saludos
ResponderEliminarMuchas gracias por tu valoración, Antorelo. Saludos para ti también.
EliminarQue recuerdos bonitos sobre tu infancia. Me hiciste recordar esas "maldades" que también le hacia a mis hermanas, jaja. Un abrazo
ResponderEliminarMe alegra que te hayan gustado estos recuerdos y que te hayan hecho recordar los que tú tienes con tus hermanas. Un abrazo para ti también, Gil.
EliminarErnesto, León es una ciudad habitable, bonita y tranquila, no me extraña que tengas tan grato recuerdo de ella. No sé quien es tu amiga, pero es probable que alguna vez nos hayamos cruzado por EL Húmedo o paseando por cualquier calle. Saludos para ti también.
ResponderEliminar