quisiera, amor
que en tus paseos de amanecida
buscaras mi mano caliente.
Que en las tardes veraniegas
arrullado por el sonido del agua
abrigaras en tu regazo
el vacío de mi cabeza
reposando en su hueco.
Que en la noche
al mirar tus ojos oscuros
te alumbraran los míos.
Que en nuestro lecho
acariciaras en la almohada vacía
mis cabellos rojos esparcidos
abandonándose en el sueño.
Que los momentos
en que la tristeza se siente a tu lado
encontraras mis brazos
ciñendo tu cuerpo.
Mercedes Ridocci
Imagen – Mercedes Ridocci

Este poema, Mercedes, conjuga amor y muerte en una misma respiración. No hay miedo en su tono, sino una ternura que sobrevive al tiempo. El yo poético desea permanecer en los rituales cotidianos del ser amado, en sus gestos y silencios, incluso después del final. La muerte no es ruptura, sino transformación: el amante se disuelve en la memoria, en el tacto recordado, en la luz de los ojos. Es un canto a la persistencia del amor más allá del cuerpo, donde la ausencia se vuelve presencia íntima, casi palpable, como una caricia que sigue ardiendo en el aire de la vida.
ResponderEliminarSaludos
Joselu, mejor no lo puedes haber reseñado (tus comentarios son más que eso, son reseñas, por eso he decidido llamar a tus comentarios: reseñas)
EliminarResalto especialmente: “el poema conjuga amor y muerte en una misma respiración”
Un cariñoso saludo.