ELLA BAILA COMO SI EL DOLOR TUVIERA MÚSICA
Nadie sabe que lleva un corazón roto
cosido con hilos de madrugada,
ni que aprendió a sonreír
mientras se derrumbaban
las habitaciones de su alma.
Tiene el alma libre.
Libre como esos pájaros
que vuelan heridos
y aun así atraviesan el océano.
Danza sobre una lágrima,
una sola,
enorme y transparente,
como si el mundo entero
cupiera dentro de una tristeza.
Sus pies no pisan el suelo:
acarician la memoria.
Sus brazos abren ventanas
donde antes solo había invierno.
PERO…
El espectador,
sin entender cómo,
comienza a ver nacer el sol
entre los movimientos de su cintura,
entre la luz temblorosa
de sus manos cansadas.
El amanecer aparece despacio,
como un perdón.
Pero nadie mira arriba.
Nadie ve
que mientras regala auroras,
la luna de la bailarina
se esconde lentamente
detrás de sus ojos.
Porque hay mujeres
que iluminan el mundo
justo en el instante
en que se apagan por dentro.
Juan Povedano Gómez
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