Lloro la sangre asesina que infectó tus venas.
Lloro la soga que sin piedad asfixió tu cuello.
Lloro el polvo blanco que cerró tus párpados.
Lloro el martillo de la noche que quebró tus días.
Lloro la ponzoña de la sombra que envenenó tu luz.
Lloro los monstruos que te llevaron en madrugada sola.
Mercedes Ridocci.
Imagen - Mercedes Ridocci

El poema que presentas, Mercedes, construye su intensidad emocional a través de una estructura paralelística basada en la anáfora “Lloro”, que se repite al inicio de cada verso y confiere ritmo, lamento y obsesiva insistencia. Cada imagen —sangre, soga, polvo, martillo, ponzoña, monstruos— intensifica el dolor, ascendiendo desde lo físico hasta lo simbólico. La progresión no solo evoca el sufrimiento de la pérdida, sino también la impotencia ante un mal inexorable. La reiteración se convierte en rito: un lamento litúrgico que busca redención o memoria frente a la devastación. Es un poema de duelo y denuncia, de devastadora belleza.
ResponderEliminarJoselu, tu comentario me impresiona, tu análisis del poema me asombra y me honra. Siempre agradecida por leer mis publicaciones.
EliminarUn afectuoso saludo.