ahora no retiene
en su memoria
sí cambió las toallas,
sí enchufó la lavadora,
sí prendió el incienso,
sí hizo la cama,
sí puso a cocer las patatas,
sí dio de comer a los gatos,
sí regó las plantas,
sí…
Vuelve sobre sus pasos
una y otra vez.
No puede con la cruz que
el tiempo despiadado
tenía reservada para ella.
Se sienta en la silla de la cocina
y a solas
llora.
Mercedes Ridocci
Imagen – Mercedes Ridocci

El poema que compartes, Mercedes, es un retrato estremecedor de la fragilidad humana ante la pérdida de la memoria y, con ella, de la identidad. La protagonista, antes lúcida y ordenada, se aferra a la rutina doméstica como último anclaje frente al olvido. Cada gesto cotidiano —regar, cocinar, cuidar— aparece como un eco vacío, repetido sin sosiego. La “cruz” que el tiempo le impone es el deterioro implacable de su mente. El cierre, en la soledad de la cocina, condensa todo el dolor: una mujer consciente de su naufragio interior que, al fin, sólo puede llorar.
ResponderEliminarJoselu, este poema lo escribí pensando en las personas que sienten el preludio del Alzheimer.
EliminarSiempre agradecida a tus comentarios sobre mis poemas, son un honor para mí.
Un afectuoso saludo.